Relatos

día seis

Y entonces fue a parar a un lugar donde, de un lado había escaleras que ascendían hacia el exterior y del otro lado, un inmenso cuarto encerrado en oscuridad. La puerta que había formulado, había funcionado.

Sin haber estado nunca allí sabía que le deparaba cualquiera de las direcciones, solo dependía de sí mismo decidir. Sentía que las escaleras le llamaban, a su derecha le deparaba toda una búsqueda por hacer a oscuras, la niña en algún lugar dentro de la inmensa oscuridad le aguardaba, pero el saciar su curiosidad le estaba pudiendo demasiado. Optó por girar a su izquierda y despacito, escalera a escalera, empezó a subir. Recordó que debía contener la respiración y así hizo, era probable que hubiese algo pernicioso en el ambiente, algo que de entrar a sus pulmones podría darle muerte. Ese algo, al ir ascendiendo, sería más peligroso aún, debía poner mucho cuidado. Cada escalera que subía, más se dibujaba ante sus ojos un cielo profundamente gris. Si llegaba al último de todos, podría llegar a ver de primera mano lo que tantas veces había leído sobre el mundo antiguo y ese pequeño trozo de cielo no era suficiente. Aun podía contener la respiración, subió otro peldaño más. Sabía que a más escaleras subiera, más riesgo habría y con todo subió otra más. Un ligero picor de nariz comenzó a sentir y el sabio saliente vio que era ya momento de regresar, quizás aun conteniendo la respiración, cabía la posibilidad de que pudiera pasar hacia sus pulmones. El cielo triste y gris del mundo antiguo es lo más que pudo llegar a ver.

Regresó raudo de nuevo al punto de partida y comenzó a respirar con normalidad, el peligro había pasado. De la puerta no había de ella ni rastro, era evidente que no había vuelta atrás, ahora el único camino que le quedaba era la total oscuridad, y como acompañante el temor de no haber ido a parar al lugar próximo a donde se hallase la niña. Esa oscuridad que reinaba le estaba advirtiendo que no iba a tener para nada fácil las cosas. Pensó aguardar un tiempo prudente para que sus ojos se hicieran a la oscuridad, pero extendió los brazos y comenzó muy despacito a caminar. Un nuevo acompañante se unió, una capa de silencio que dejaba oír claramente sus pasos. Envolvía todo, sentía que estaba solo allí, esperaba estarlo y no encontrarse con nada ni nadie que le hiciera algún mal, solo la niña. Sus manos de momento no alcanzaban a nada y trataba dando pasos cortos de detectar cualquier desnivel u obstáculo que se le presentara.

Cuanto más atrás dejaba las escaleras, la oscuridad se hacía más espesa. Paró y echó la vista atrás y su sitio de referencia, la entrada, pareciera una ventana, la perspectiva ya empezaba a jugarle malas pasadas. No debía empezar a sentirse inquieto, no le convenía. Volvió a caminar y algo metálico fue a dar con sus rodillas. Empezó a palpar que podría ser eso que se había cruzado en su camino, daba la sensación de ser una barrera, una que le llegaba por la cintura. Palpando sintió que tenía forma de ángulo y por abajo dejaba espacio para pasar. Con los ojos aun oscurecidos, tanteó el resto y se hizo la idea que podía sortearlo por arriba. Comprobó la estabilidad de aquella cosa y la pasó a horcajadas, consiguiendo poner con éxito sus pies sobre aquel suelo liso que no presentaba ninguna rugosidad ni defecto, y continuó despacito caminando palpando con los brazos extendidos.

Despacito, paso a paso, esperaba encontrar algo más que sortear, pero nada le volvía a cortar el paso ni se interponía, solo sentía el suelo debajo de sus pies. De pronto, un brillo muy leve apareció a lo lejos y luego se volvió a apagar. Se detuvo. La falta de perspectiva y esa oscuridad envolviéndole, no le permitía saber si era grande y estaba alejado o si era pequeño y estaba delante de sus narices. Esperó por si volvía a suceder, y así fue, el brillo se encendió y volvió a apagarse. Siguió caminando de frente, con ese brillo que aparecía y desaparecía como único guía de fondo, pero sin dejar de ir con las manos por delante y tanteando a pasos cortos el suelo.

Sus ojos levemente se habían hecho a la oscuridad muerta dominante, como sabio saliente sabía que era aquel lugar pero seguía sin poderse hacer a la idea de cómo era exactamente. El brillo intermitente seguía marcándole el camino, haciéndose más grande. Ahora estaba apagado y de golpe sus manos dieron con algo duro, parecía una pared, lisa totalmente. Comenzó a palparla y a la altura de sus ojos notó algo de metal. Dejó de aparecer el brillo, totalmente, como si nunca hubiera existido. Miró atrás, no se veía ningún tipo de luz, siquiera la tenue que entraban por las escaleras. La oscuridad le rodeaba, vagamente distinguía los detalles de la pared con la que se había chocado. Giró a la derecha y a media altura el brillo, ahora definido del todo, apareció y volvió a desaparecer. Echó a andar hacia el brillo, que parecía lejano y pensó que debía caminar bastante, pero pronto no pudo seguir más, algo había dado con sus tobillos. Se agachó un poco a palpar que era aquello que había detenido sus pasos y entonces el brillo volvió a aparecer, lo tenía justo delante. Con la mano tanteó aquello que emitía ese brillo y algo tocó porque ahora apareció del cuerpo de aquello que emitía el brillo, una luz que de golpe le cegó. Cerró los ojos instintivamente y luego los volvió a abrir, pero dirigiendo la vista al frente. La luz de aquello aportaba suficiente para poder ver mínimamente el lugar donde se encontraba. Estaba como en una sala alargada y el lugar donde estaba apoyado aquello brillante más bien parecía un lugar donde sentarse. Cogió aquello que emitía tal cantidad de luz en forma rectangular y se sentó para examinarlo.

A primera vista pudo constatar que lo que tenía en sus manos no era ni dañino ni peligroso. Cuando se recobró del destello, trató de fijarse que aparecía en aquel rectángulo tan misterioso. Con el tacto pudo comprobar que los bordes eran redondeaos y por detrás no era del todo liso, pero por delante, por donde salía luz, a parte del tacto cristalino, era liso del todo. En la parte que emitía luz aparecían imágenes, y escritos, escritos pequeños en idioma antiguo. Tocó con el dedo la parte reluciente con imágenes y aquello que parecía ser algo estático, cobró vida. Era algo que nunca había visto u oído hablar y sin embargo entendía el texto que mostraba dentro aquel rectángulo. Dedujo que sería un objeto de la época antigua que mostraba información, emitía luz, y respondía al contacto de los dedos.

Continuó examinándolo, tratando de aprender cómo funcionaba. Podía entender que ponía y si tocaba lo que ponía, la imagen cambiaba, unas veces solo aparecía texto y otras veces imágenes, imágenes de aquella época y de personas de aquella época. Si seguía tocando las imágenes cambiaban y aparecían lugares y más cosas. Estaba visualizando algo que solo en libros había odio hablar. En uno de esos gestos que hizo con el dedo tocando al artilugio, ofreció algo que de ser cierto, le ayudaría demasiado y ni se lo pensó, tocó y automáticamente por la parte de atrás de aquella cosa saliera luz, una muy potente. Que artefacto tan increíble, no daba crédito de las cosas que estaba haciendo.

Se puso en pie y comenzó a alumbrar con aquella luz todo a su alrededor. Estaba en un lugar cerrado, un pasillo más bien estrecho. A su izquierda y derecha equidistantes, seguían más pasillos, y por detrás, estaba el que había traído. Al sabio saliente encontrar aquello le pareció un regalo del cielo, en semejante oscuridad tan absoluta tendría luz. A parte, le había parecido ver algo interesante dentro de aquella cosa que emitía luz e imágenes que le sería aun de más utilidad. Volvió a tocar en la parte donde le parecía leer cartografía en idioma antiguo, y de nuevo aquel ingenio de la era antigua comenzó a presentar información. Empezaron a aparecer inscripciones que le informaba que necesitaba tiempo. El sabio saliente miraba fijo esperando que acabara de hacer su trabajo. Entonces una cartografía comenzó a dibujarse, con un rio y unas calles. Aparecían también edificios y vías, se estaba formando una cartografía de un lugar, un mapa seguramente de la era antigua, anclado en el pasado más distante, como aquel lugar donde se encontraba en busca de la niña.

Después de un tiempo, el sabio saliente vio que el resultado de calles comenzó a moverse dentro del rectángulo y se situó en un punto exacto, y comenzaron a salir nombres en idioma antiguo, inexistentes en la actualidad. Llamó la atención el nombre del río que mostraba el ingenio, era el nombre en idioma antiguo del río que momentos antes había dejado. No era solo el nombre del rio coincidía, era la misma área que momentos antes había estado conjurando la puerta. Conocía al dedillo los recovecos del rio, todos, sus ojos no le podían engañar. Si de verdad ese ingenio pudiera mostrar con esa precisión semejante información…

La única manera de saber si funcionaba era ponerse en marcha. Se levantó y comenzó a iluminar las paredes de aquel lugar y justo iluminó a algo que contenía unas indicaciones, era de metal y reflejaban un poco la luz, seguramente era similar a lo que antes reflejaba el brillo a oscuras. Esas indicaciones contenían nombres y uno era el mas grande de todos, se preguntó si sería el nombre de aquel lugar. Revisó el ingenio y ese mismo nombre aparecía también. Volvió a mirar a la pared y comprobó que el indicador del lugar ofrecía unas flechas apuntando a distintas direcciones del pasillo, aparecían más nombres de lugares, muchas indicaciones con cifras, todas en idioma antiguo. El sabio saliente le desbordó tanta información, apartó la mirada y la puso en el camino a seguir. La luz ya era suficiente para poder avanzar, si la cartografía del artilugio mágico respondiera a su avance, que esperaba fuese cambiando hacia el norte, le sería de gran ayuda pues era donde había perdido a la niña.

Comenzó a caminar con acompañante esa suerte de ingenio que había hallado. Iluminaba hacia el suelo, el suelo de ese pasillo que al fondo giraba a la izquierda. A los lados la pared de aquel lugar se veía carteles en idioma antiguo con letras llamativas, representando cosas que seguramente se usaban por entonces. Alumbró en otra suerte de sitio para sentarse que había justo al girar a la izquierda, y había otro recuadro como el que tenía en la mano, pero no emitía ningún tipo de luz ni nada parecido. Cuando alumbró al frente, la luz no hallaba lugar donde alumbrar así que volvió a bajar la luz al suelo y siguió caminando. Únicamente el sonido de sus pasos se escuchaba, si se paraba no había un solo sonido que llenara aquel lugar y le daba algo de temor.

El pasillo llegó a su fin y fue a parar a otra sala pero esta vez inmensa. Dirigió a su izquierda la luz y se deslumbró. Bajó el brazo y despacito volvió a alumbrar de abajo a arriba aquello que le había devuelto con tanta fuerza la luz del ingenio, se trataba de un espejo. A la derecha de él, oscuridad, un agujero enorme en la pared al que no se veía fondo, con la diferencia de que era circular por arriba y no estaba recubierto del mismo material que estaban los pasillos. Al alumbrar hacia abajo vio que había un desnivel bastante pronunciado. Se acercó con cautela y pudo ver que en paralelo, en el suelo al fondo del desnivel, dos lineas metálicas en paralelo se metían en esa boca oscura. El sabio saliente decidió de momento seguir esas líneas de metal pero desde sitio seguro, desde el pasillo inmenso que confrontaba esa sala.

Hasta que consiguió llegar al otro extremo de la sala donde se producía el mismo escenario que había dejado atrás tubo que andar bastante, las líneas de metal que estaba acompañando se perdían en otra boca de oscuridad. Parece era el único camino que podía tomar, saltar el desnivel al suelo de ese camino dibujado por esas barras metálicas en paralelo. Sabía que si saltaba, profundizaría aún más en su aventura sin posible retorno. Pensó en la niña y saltó poniendo sus pues en ese suelo. Se situó a la derecha de la línea metálica más cercana al desnivel, y comenzó a caminar introduciéndose en aquella boca que de no ser por la luz que emitía el fabuloso ingenio sería totalmente oscura.

Se detuvo un momento a revisar la cartografía, no había cambios, así que decidió de momento mantenerlo al margen y usar la luz para proseguir. El sabio saliente alumbraba nuevamente al suelo, esta vez era todo gris lo que le rodeaba. A su derecha, en la pared, una cantidad ingente de líneas anchas le acompañaban, todas del mismo color. El techo seguía teniendo esa forma redondeada en todo momento, prendiendo de él otros hilos de metal. Las líneas del suelo servían de guía y las del techo le hacían andar, se recordaba a sí mismo. Una cosa era leerlo en los libros o escucharlo de otros sabios, y otra muy distinta era tenerlos allí en vivo. Se preguntaba sí era el único sabio que había tenido el honor de presenciar aquello.

Más tranquilo y seguro de sí mismo, el sabio saliente continuó avanzando. Tenía en mente en todo momento a la niña y presagiaba que la encontraría, tenía esa corazonada. Solo le desviaría de todo ello haber tomado el camino equivocado. Pensó que pensar le apartaría de la monotonía y lo lúgubre que le aguardaba, y de pensar en todo cuanto sabia de aquel sitio, solo quería recordar cosas necesarias que le conducirían al éxito. Por otra parte todo cuanto había hecho hasta el momento y había sido necesario hacer para llegar a ese lugar estaba echo; todo iba progresando como había pensado que sucedería, únicamente quedaba hallar pronto a la niña sin ningún tipo de sobresaltos.

Todo lo envolvía la oscuridad, el ingenio era lo único que aportaba claridad a todo cuanto rodeaba al sabio saliente. Caminaba alumbrando al suelo cuando el resonar de su caminar había cambiado como si se hallara en un lugar más amplio. Fue entonces cuando alumbró a donde se suponía hallaría la pared pero de nuevo había desnivel y una sala como la que momentos antes había abandonado. Trepó el desnivel como buenamente pudo y estando ya a lo alto, consultó la cartografía del ingenio, y lo que parecía en un principio no iba a moverse en absoluto, sí lo hizo, el punto se situó hacia el norte marcando nuevamente un punto exacto y un nombre. Presagió que el nuevo lugar al que había llegado estaría construido de igual forma que el anterior, y que igualmente contaría con indicaciones del nombre del lugar, debía encontrarlo y corroborar que estaba tomando el camino correcto y estaba en el lugar correcto.

Dobló a derecha, avanzó, luego izquierda y fue a parar de nuevo al cruce de caminos. Justo donde estaba el cartel del otro lugar, allí estaba. Lo alumbró, y un nombre en grande era igual al que indicaba la cartografía, lo que le hizo sentir un ligero alivio. Había también justo como en el otro lugar, sitios donde sentarse y se sentó, lo necesitaba, se sentía cansado, y hambriento también, y con sed un poco. El peso de aquel lugar le estaba haciendo mella sin darse cuenta, pero tenía que aguantar, seguramente la niña estaba pasándolo peor. Tocó con su dedo el nombre del lugar en el ingenio y una línea de color amarillo se dibujó. Examinó el trazado de donde había partido antes y donde se encontraba ahora y seguía más o menos el mismo recorrido había hecho. Esa línea con seguridad pertenecía al camino que estaba tomando. Cada vez le resultaba más increíble ese ingenio, la cartografía mapa cumplía una doble función, mostraba la superficie, aquella misma que estaba al subir las escaleras y también el subsuelo. Recordó que tenía imágenes de personas y de lugares, ¿serian imágenes de aquel lugar? Una cosa tenía clara, todo cuanta sabia del reino y de la antigüedad eran todas ciertas y reales, la historia que había estudiado cuadraba con lo que ofrecía la cartografía del ingenio. Fue en ese momento cuando vio que no había tirado su vida a un abismo sin ningún tipo de seguridad, había posibilidades de llegar al menos a los aledaños del castillo de los sabios, solo quedaba encontrar a la niña.

Pero el éxito de todo ahora dependía del ingenio. La luz y la cartografía tenían ahora mismo en sus manos el destino de ambos, el tiempo que durara sería determinante para llegar a buen puerto o perderlo todo. Examinando de nuevo el artilugio, le resultaba endeble, no fue creado como arma de combate ni instrumento de reparación o construcción, no habría forma de sacarle provecho para otra cosa que lo que había descubierto, era muy probable que de caerse, dejara de funcionar. Debía tratar de manipularlo lo menos posible. Sentenció mentalmente que debía tratar de protegerlo y curiosear lo menos posible.

Debía continuar, aquel lugar era el segundo al que había llegado, por el camino encontraría seguramente más así. Este en concreto era similar al anterior, podría ir ahora a ver como es, pero quizás el tiempo que pasara saciando su curiosidad, jugaría en contra. Apartó el cansancio y todas sus dudas y se levantó del sitio. No era momento de quedarse parado, decididamente iría a investigar rápidamente el lugar, quizás hallara escaleras al exterior.

Giró a su izquierda y llegó rápido al cruce de caminos. A su izquierda, el pasillo largo inmediato a la entrada donde la otra vez sorteó a horcajadas aquello que le cortó el camino. Avanzó, siempre con el ingenio apuntando al suelo. Recorrió unos metros, y luego no pudo avanzar más, una especie de cortina metálica echa de láminas trenzadas de metal cortaba el paso. Iluminaba de arriba abajo para encontrar algún resquicio pero estaba totalmente cerrado, trató de llevar más lejos la luz pero no era tan potente como para ver que había más adelante. A media distancia logró ver aquello que se interpuso en el lugar anterior, una hilera de ellas estaban dispuestas. Pegó el ingenio a su cuerpo, trataba de buscar la luz que vendría del exterior. Después de un momento de esperar a que sus ojos se adaptaran, no logró ver ni rastro de ella. Se despegó el ingenio del cuerpo y la luz volvió a iluminar aquel lugar lleno de muerta oscuridad. Dio media vuelta y caminando no tan rápido como antes empezó a deshacer el camino. Miró a la cartografía y vio que seguía marcando el lugar al que había llegado, y con las mismas siguió alumbrando a media distancia. Encontrar aquello cerrado no era para nada buenas noticias, deseaba no hallar en esas circunstancias del otro lado a la niña, así no habría forma de poder salvarla. Pudo darse cuenta que los puntos abiertos no iban a ser iguales entre ellos y que habría dificultades inesperadas que quizás mejor no tener en cuenta hasta llegado el momento.

Estaba ya por fin en la parte del desnivel, lo saltó y continuó caminando entre las líneas de metal del suelo. Debía no pensar en lo que acababa de ver y poner todo el empeño en seguir adelante. Debía pensar en que había hecho todo bien, había usado su mechón de pelo, había usado la pieza de papel, y objetos antiguos de sabio. Miró en su bolsillo izquierdo y aún tenía la lupa, se intercambió de mano el ingenio y con la derecha reviso el bolsillo derecho, tenía aun las monedas antiguas. Hace días había salido del castillo de los sabios con lo puesto y ahora estaba tratando de volver por los conductos más oscuros jamás visitados, buscando a una niña pequeña con una lupa, unas monedas y un increíble ingenio. En su larga existencia jamás había dado su vida tantos giros tan drásticos ni había transgredido tantas normas.

Avanzando despacito en el interior de la nueva boca oscura que había tomado, recordó una de las más viejas y de las primeras normas que se decía a todo nuevo sabio entrante: nunca entrar a los viejos conductos. Podía olvidar nombres de sabios que ya habían desaparecido sin dejar rastro, los que aún están, incluso en el nuevo, conversaciones, momentos de duda, de temor, de juicio, de ira, tantas cosas, pero no había forma de olvidar esa norma. Otra que recordaría siempre era, eres ya tan antiguo como el más antiguo de los sabios. Ahora encontrándose allí, viendo lo imposible que es transitar, comprendía mejor que no hubieran condenado del todo los conductos. Por otra parte, como también era usado a diario, no convenía hacerlo. Cualquier sabio y persona de a pie los usaba sin riesgo de caer aquí donde estaba él ahora, se permitía usarlos evitando todos los riesgos que conllevaba. La llave para entrar para los que no eran sabios era fruta. Los recaderos debían portar fruta, la que los sabios les encargaban comprar y traer al castillo. Para entrar por los conductos debían portar fruta. Nadie sabía de esas condiciones, absolutamente nadie. La persona que raptó a la niña debía ser uno de ellos, pero usó ese trozo de papel para permanecer dentro y meter a la niña dentro con él.

La niña, debía de encontrarla. Borró de un plumazo toda la cortina espesa que había creado sus pensamientos. Ya no importaban, él ya no era sabio, él era sabio saliente y debía seguir caminando y hallar a la niña y llegar al castillo, debía pensar únicamente en eso. El sabio saliente agilizó un poco más el paso, la ligera pendiente descendente virando a la derecha ayudaba a que así fuera. El ingenio seguía siendo su aliado, alumbraba eficazmente a donde él deseaba, miró la cartografía y el punto demarcado no se había movido nada pero la línea amarilla seguía mostrándose. No le era posible poder ubicarse en que altura de esa línea se encontraba, había estado demasiado centrado recordando que ahora no sabía cuánto podía quedarle para llegar al siguiente punto. Se prometió a sí mismo no hacerlo más y estar más pendiente de los cambios que se fueran presentado.

El sabio saliente ahora si estaba concentrado del todo, ahora si estaba realmente allí y no e el lugar incierto donde le había llevado sus recuerdos y sus elucubraciones. La luz la dirigía a su alrededor, examinaba lo repetido del lugar en busca de algún cambio significativo que le ayudara a seguir, todo eso sin detener su caminar. Era algo más rápido, se lo facilitaba la ligera pendiente descendente en la que se encontraba. Estaba ahora virando ligeramente a la derecha. Enfocaba de nuevo al suelo, a su izquierda aquellas líneas de metal, enfocaba a la derecha, las lianas de colores paralelas que igualmente parecían no tener fin. Enfocaba hacia arriba y también estaban las líneas colgando del techo. Era pura monotonía aquel lugar pero aun así trataba de buscar la ligera diferencia que pudiera suceder.

La ligera pendiente se acabó, ahora era llano pero seguía la ligera curva a la derecha. Se detuvo, debía también usar su sentido del oído y sus pasos no le dejaban escuchar. Se concentró, incluso cerró los ojos, quería escuchar el más leve de los sonidos. El propio silencio del lugar le generaba un poco de pitido en los oídos, pero pudo escuchar claramente algo, un sollozo. Muy tenue. Contuvo la respiración y se mantuvo quieto muy quieto, quería creer que no había sido su imaginación. Estuvo así buen rato y cuando ya no podía contener más la respiración, empezó a respirar de nuevo. Lo había escuchado, era muy tenue pero era un sollozo. Decidió seguir caminando, parecía provenir de delante. Emprendió de nuevo su caminar tratando de no poner mucho empeño en marcar los pasos, si volviera a suceder el sollozo, no lo escucharía. Esperaba que fuese de la niña y que fuese cerca.

A cada momento se detenía, ponía el poner el oído, pero sucedía siempre el mismo resultado, no escuchaba nada. Después de varias ocasiones sin escuchar nada, volvió a caminar con normalidad, poniendo el mismo empeño que antes. Ahora la boca oscura giraba a izquierda y un poco en pendiente. Miró a la cartografía y mantenía la misma posición que antes. Se preguntaba si llegaría al próximo punto en breve. Entonces calló en la cuenta de que, hasta el momento, no había tratado de llamar a la niña por su nombre, quizás de asustada se habría escondido. Daba por hecho que se cruzaría con ella y por eso no lo había hecho, daba por hecho que era valiente y decidida y no se habría escondido. Daba por hecho que ella le estaría buscando y por eso caminaba en su búsqueda de esa manera.

Sin darse cuenta, llegó a un nuevo punto de conexión. En principio parece mantenía con respecto a los dos anteriores la misma construcción. Miró al ingenio y no marcaba el nuevo punto que había encontrado, así que siguió avanzando mirándolo. Así estuvo un buen rato hasta que llegó al final y volvió a meterse de nuevo en la boca, y el artilugio no mostraba cambio alguno. Pensó entonces que quizás debía situarse próximo a la entrada para que funcionara. Retrocedió de nuevo igualmente sin quitarle ojo de encima y cuando llegó a media altura del lugar, se propuso subir al desnivel y recorrer los pasillos. Cuando ya a punto estaba de subir del todo, oyó pasos por detrás suya corriendo muy rápido. El sabio saliente subió raudo hasta arriba y cogió el artilugio y apunto su luz hacia la fuente de ese sonido que se dirigía rápido a la boca por donde él había entrado. No vio nada. De un brinco volvió a bajar y empezó a correr en esa dirección. Corría poniendo todo su esfuerzo en alcanzar a quien fuera que fuese, no lograba apuntar bien con el ingenio adelante, y tanto empeño puso que no pudo detenerse cuando topó de bruces con alguien de baja estatura, los dos chocaron y se fueron al suelo.

Un sollozo, un sollozo se comenzó a escuchar en medio de todo aquel silencio que quedó después de que se llenara todo el escenario de pasos a la carrera. El ingenio había caído al suelo y estaba todo oscuro, solo se escuchaba el sollozo de una persona. El sabio saliente reconoció el tono y preguntó si era ella, y ella respondió que sí, a lo que él le preguntó si estaba bien y si podía levantarse, y ella le dijo que si también. Él le pidió que no se levantara de momento, que debía buscar una cosa que había caído al suelo y la niña le dijo que lo que buscaba posiblemente era lo que tenía justo a su lado. Entonces lo cogió y de nuevo la luz del ingenio lleno el lugar. Ya no había dudas, era ella.

La niña fue la primera que se incorporó y luego el sabio saliente, y estando ya de pie, la niña se le echó inesperadamente encima, y el no pudo en ese momento contener tanto ímpetu y fueron a parar de nuevo al suelo, quedando una de las líneas del suelo muy cerca de sus piernas. El artilugio que lo llevaba en la mano la niña salió disparado de nuevo y fue a dar al suelo, esta vez sin perder en ningún momento la luz que emanaba pues calló boca arriba. Con el cuerpo dolorido de la doble caída, el sabio saliente pudo sacar alivio y preguntarle a la niña si estaba bien, a lo que ella, sin apartar la cabeza de su cuerpo le dijo llorosa que si pero que había pasado mucho miedo. El preguntó por la persona que le había seguido y ella dijo que pensaba era él, que solo se le ocurrió salir corriendo cuando se cruzaron momentos antes. El sabio saliente la abrazó y la dijo que le perdonara por haberla asustado.

El ingenio seguía alumbrando hacia arriba mientras el sabio saliente, sentado en el suelo frio, trataba de calmar a la niña, que seguía llorando desconsolada en su regazo. Era comprensible el susto de la niña, ha sido tremendo, que se había añadido a todo lo que la ha pasado estando allí, era importante esperar que se calmara antes de proseguir. También le venía bien al sabio saliente estar allí sentado y si bien no era el mejor lugar, tener ahora a la niña le reconfortaba demasiado. La niña se tranquilizó un poco y le dio las gracias por haber venido en su búsqueda y él le dijo que se asustó mucho cuando la vio desaparecer así de improvisto y no pudo hacer nada. La niña le dijo que ya estaba mejor y volvió a ponerse en pie y se dirigió a por el ingenio. El sabio saliente se puso también de pie y se quedó en el sitio, mientras ella venia de vuelta a traérselo. Ya en sus manos pudo comprobar para su asombro que seguía funcionando y que estaba todo en orden, y luego le preguntó a la niña si podía caminar, ella dijo que sí y entonces emprendieron la marcha hacia el punto de unión que habían dejado atrás.

Cuando llegaron de nuevo donde sus caminos se cruzaron, el sabio saliente le dijo que necesitaba subir, debía comprobar una cosa. La niña no podía llegar así que el sabio saliente se agachó un poco, puso sus manos unidas y la niña las uso para poder saltar el desnivel. Una vez arriba, el sabio saliente le entregó el artilugio y luego subió él. Estando ya arriba, la niña se lo devolvió y caminaron juntos al sitio que él deseaba ver. Iba alumbrando al suelo y comprobando si la cartografía se modificaba. La niña le acompañaba muda a su lado y él le dijo que seguramente tenía muchas preguntas que hacer pero le pidió que esperara a llegar donde quería ir y allí se lo explicaba. Ella asintió y juntos caminando por los pasillos del tercer punto al que había llegado, trataban encontrar el nombre del lugar y que la cartografía reaccionara al nuevo lugar.

Fueron recorriendo los pasillos en busca del nombre, el sabio saliente no apartaba el ojo del ingenio. Cuando recorrieron algunos pasillos, el sabio saliente consiguió dar con el nombre de aquel lugar, pero la cartografía no marcaba el punto donde supuestamente estaban ahora. El sabio saliente le dijo a la niña que el artilugio que está usando lo había encontrado y que aparte de tener esa luz, iba indicándole los lugares por donde iba pasando, pero que esta vez no lo había hecho. La niña le preguntó que si se habría roto al haberse caído al suelo y él le dijo que había esa posibilidad. Alumbró hacia atrás y había sitios donde sentarse, y le dijo que se sentaran un momento para contarle que tenía pensado hacer. Juntos retrocedieron unos pasos y se sentaron, el sabio saliente a la izquierda de la niña. Entonces le mostró la cartografía y el punto final a donde irían, debajo de castillo de los sabios, donde podría encontrar la salida de vuelta al reino. Le dijo que aún había que caminar mucho pero que era la única manera de salir de allí. Cuando ya acabó, le preguntó a la niña si tenía alguna duda, y ella solamente le preguntó si conseguirán salir de allí y si podrían seguir juntos. El sabio saliente le dio un rotundo si a lo primero y un menos efusivo no a lo segundo. Le acarició la cabeza y le dijo que prosiguieran, que quería salir de allí lo antes posible.

Regresaron al punto de conexión y el sabio saliente bajó primero del desnivel y luego ayudó a la niña a hacerlo. Le dijo que debían seguir adelante y le preguntó a la niña si quería llevar el ingenio, y ella muy contenta le dejo que sí. Ver dar esa respuesta al sabio saliente le insufló nuevos ánimos para seguir adelante.

Volvía a estar el sabio saliente dentro de aquella boca pero ya estaba con él la niña, se sentía mucho mejor. se sentía bastante cansado, estar allí agotaba en cuerpo y mente, pero no caminaba solo y darle a la niña el ingenio y que fuese ella apuntando donde quisiera le borraba de un plumazo todo ese malestar. La niña le dijo que jamás habría imaginado tener algo así en la mano, que le salieran cosas con luces y el sabio saliente le dijo que aún el siendo el sabio, tampoco lo había visto nunca y que había sido demasiada suerte encontrarlo. Según iban caminando, la niña le alumbró a él de abajo arriba y sin darse cuenta lo deslumbró, ya que él no esperaba que llegase hasta arriba, se disculpó y luego siguió ya alumbrando hacia adelante. La niña luego le dijo que como todo había pasado tan rápido, que no había tenido tiempo seguramente de prepararse como es debido, y el sabio saliente le dijo que tampoco tenía mucho que preparar. Entonces la niña puso el dedo justo delante de donde salía la luz del ingenio y apagó todo el lugar, pero no detuvieron su caminar. Estuvieron así un poco hasta que volvió a quitar el dedo y le dijo al sabio saliente que tampoco quemaba ni hacía daño esa luz, y el sabio saliente le dijo que antiguamente disponían muchas cosas impensables en su día a día, a lo que ella le dijo que como mucho tenia para iluminarse una triste vela por las noches, y el sabio saliente le dijo que aquí habría sido un peligro enorme usar una sola vela.

Seguían caminando, un poco de pendiente hacia la derecha la boca tenía. La niña seguía portando el ingenio y alumbrando se dio cuenta de las líneas metálicas del suelo, de la de colores a los lados y luego de las que colgaban en el techo. El sabio no esperó a que preguntara, le dijo que las del suelo servían de camino y las del techo para que funcionara, y la niña le preguntó que donde estaban y él le respondió que debajo del suelo que normalmente pisaban. No podía verle casi la cara a la niña, aun así intentó vérsela y no pudo muy bien, seguramente fue toda una de sorpresa. Portaban la luz y casi apenas podían verse la cara, entonces el sabio saliente le preguntó si había logrado verle la cara a la persona que la secuestró, y ella le dijo que no, que estaba todo a oscuras y que solo corrió y corrió y que dejó de hacerlo cuando sintió que nadie la estaba siguiendo y que luego se asustó mucho más cuando llegó a donde él estaba subiendo, no sabía que era él. El sabio saliente solo pudo decirla que había sido muy valiente haber aguantado tanto tiempo sola por aquí más aun desconociendo cómo funcionan las cosas aquí dentro. El sabio saliente trató entonces de contar que había estado haciendo para encontrarla cuando la luz del ingenio que en esos momentos enfocaba hacia arriba no encontró techo donde alumbrar. La niña alumbró a ambos lados y de nuevo, sin darse cuenta, habían llegado a un nuevo punto de conexión. El sabio saliente le pidió que le prestara el ingenio y ella se lo entrego tratando de no deslumbrarle. El sabio saliente la agarró de la mano y avanzaron despacito sin mediar palabra hasta el final de aquel lugar, donde de nuevo una boca como la de antes les esperaban.

La niña preguntó al sabio saliente si seguirían directamente hacia delante y él le dijo que retrocederían para localizar lo que habían encontrado en el punto anterior. Según iban recuperando pasos dados, el sabio saliente recibió de nuevo la pregunta que esperaba la niña no hiciera más, que era aquel lugar. El sabio que anteriormente fue habría esquivado como hizo antes la pregunta, pero en la situación actual, y siendo ella, le explicó con algo de más detalle que era aquel lugar, le dijo que estaban yendo por unos conductos gigantes por donde las personas de la antigüedad se desplazaban de un lugar a otro y ese justo era donde se apeaban de ello. Con la luz señalo las líneas de metal y le dijo que se desplazaban en carros de metal con ruedas por ahí, sin que ningún caballo lo tirara ya que funcionaban con el mismo sistema que el prodigio.

Ambos siguieron caminando, la niña iba comentando que le parecía increíble que algo así existiera, y el sabio saliente le dijo que eran tantas las cosas así que los sabios guardan con mucho recelo, que si las contara ahora mismo, no sería capaz de asimilarlas todas, cosas que han recibido y hallado de la era antigua. La niña le dijo que porque estaba allí y él se lo había dicho, sino no lo creería. El sabio saliente le dijo que confiara en él que saldrían los dos de allí pero que tendrían que esforzarse mucho. Llegaron de nuevo a la mitad de aquel lugar y el sabio nuevamente dispuso las manos para que la niña pudiera saltar el desnivel.

Ambos ya estaban arriba y le pidió a la niña que le entregara el artilugio, y con la derecha lo cogió. Enfocaba la luz al suelo y la cartografía a media altura hacia sí, y con su mano izquierda cogió de la mano a la niña. Empezaron de nuevo a caminar por aquel lugar, el sabio saliente le dijo que tratarían de ver el nombre del lugar y de conseguir que la cartografía por su cuenta lo mostrara y ella le dijo que esperaba que esta vez si pudiera y que no se hubiera roto. La niña no sabía hasta qué punto le hacía feliz al sabio saliente poder cogerla de la mano y escuchar su voz, y se lo dijo abiertamente. Ella que lo escuchó, apretó más su mano y le dijo que solo esperaba salir de allí y que pudieran seguir juntos a lo que él le respondió que su final estaba decantado, pero a ella le quedaba la oportunidad de poder salir airosa de la situación. Ella le dijo que trataría de no pensar en eso ahora mismo y el sabio saliente le dijo que pusieran todo lo posible de su parte para salir de allí.

El sabio saliente tenía una teoría con respecto al artilugio, la cartografía solo cambiaba cuando encontraban un espacio amplio, y quería de nuevo intentar constatarlo ya que antes no había podido. El siguiente que les tocaría alcanzar, si la línea amarilla era correcta, estaba próximo, que sería el penúltimo antes del gran recorrido que debía transitar hasta llegar a las proximidades del castillo de los sabios. Los pasillos de aquel lugar eran algo distintos a los anteriores, así que el sabio saliente estaba poniendo especial cuidado en ir viendo las paredes de aquel lugar. La niña le dijo que ya podía haber encontrado otro más y así le ayudaba a buscar y él le contestó que sí que había encontrado otro pero no funcionaba. Ella sonrió un poco y el sabio saliente no pudo evitar sonreír también. Se encontraban en un lugar lúgubre pero se veía a la niña contenta, y él lo estaba también. A pesar de lo distendido del momento, el sabio saliente mantenía toda su concentración para hallar el nombre del lugar. Se detuvieron y el sabio saliente revisó el ingenio, pero seguía donde se quedó antes. Con el dedo desplazó la cartografía y encontró el nombre del lugar en él y se lo enseño a la niña, le dijo que debían estar ahí y que para lograr llegar a los bajos del castillo de los sabios debían andar un buen trecho, que seguirían el camino amarillo nada más encontrara el nombre del lugar en alguna de las paredes. Entonces continuaron caminando, el sabio saliente cada vez tenía menos esperanzas en que el ingenio mostrara el lugar, así que una vez dieron con el nombre del lugar, ni se molestaría en revisarlo. Se lo comentó a la niña y le dijo que solo esperaba que no dejara de funcionar, y él le dijo que solo con ver que seguían el camino correcto, seguirían avanzando sin hacer más paradas.

La búsqueda les llevó un buen rato pero al fin lograron ver el nombre del lugar. El sabio saliente leyó en voz alta el nombre pero era en idioma antiguo y la niña le preguntó que había dicho. El sabio saliente sin soltar a la niña de la mano, se dieron la vuelta a deshacer el recorrido que habían echo. Entonces le explicó el significado del nombre del lugar, contándole un poco de historia antigua relacionada con el nombre. A una niña ese tipo de cosas era complicado explicárselas, pero su niña que era más inteligente y valiente que las que había conocido en su larga vida, podría tratar de contar cosas difíciles. Cuando llegó al desnivel, la explicación se había acabado y el sabio saliente que la ayudaba a descender al duelo de las líneas de metal, le preguntaba si lo había entendido y ella le dijo que casi nada.

La niña, que caminaba de nuevo a su izquierda, le dijo al sabio saliente que sentía curiosidad por saber más de aquel lugar. El sabio saliente se preguntó si sería conveniente explicárselo, pues si la explicación de antes no la había logrado entender, posiblemente esa menos aun. Entonces le preguntó si estaba preparada para escuchar algo todavía más difícil. La niña le dijo que no medio sonriendo y el sabio saliente le preguntó si sabía la razón por la que en el reino, no había prisiones. La niña y el sabio saliente cogidos de la mano se introdujeron en el nuevo conducto y después de un momento de silencio donde la niña trataba de dar con la respuesta, le dijo que no lo sabía, de hecho ni sabía que no había a lo que añadió que en su país si había muchas. El sabio saliente recordó el lugar de donde procedía y le preguntó si algún familiar suyo había estado encerrado y ella le dijo que un tío suyo había estado por robar una gallina.

El sabio saliente y la niña seguían caminando, él dejó un poco que el silencio en el ambiente reinara, un poco afectado por lo que le había dicho la niña y otro poco para poder pensar cómo explicarla lo que le había preguntado. Cuando ya decidió la manera de poder explicárselo le empezó a comentar a la niña la razón de por qué no hay cárceles en el reino. Le contó que las personas normalmente podían acceder al castillo pero no a todas las salas, y que para acceder a algunas de ellas, debían hacer uso de estos conductos, pero lo hacían sin saberlo. Hacían recados a los sabios a modo muchas veces de compensación por cosas malas que hacían o cosas así. Nunca condenaban a trabajos denigrantes, forzados o los encarcelaban, siempre trataban de hacer ver a la persona que era la única manera que tenia de compensar lo que habían hecho. La persona que la había raptado debió haber dado con la manera de aprovecharse de ello y la raptó. Calló por un momento, ya que para sus adentros pensó que era extraño no haber dado con él pues aún debía estar dentro. Ese silencio la niña lo entendió con el fin de la explicación y le dijo que no entendía muy bien pero que le seguiría a donde ella le dijera. Esas palabras al sabio saliente le infundieron nuevos ánimos, y volver a recordar lo que momentos antes de encontrar a la niña pensó, en centrarse únicamente en llegar al castillo de los sabios, nueva determinación.

Si el sabio saliente antes caminando solo pensando en sí mismo no se daba cuenta de lo que iba recorriendo, menos aún ahora que le acompañaba la niña. Decidió para no causar desanimo, cambiar de conversación y no entrar a dar detalles muy complejos de cómo funcionaba el castillo y sus accesos. Guardaba silencio buscando que podían hablar pero no halló tema de conversación. Miró al artilugio, concretamente la cartografía. Mostraba aún la posición de hace mucho tiempo y no la que iban actualmente. Por suerte aun funcionaba la luz y eso seguía siendo imprescindible. Además la línea amarilla le aportaba información como los giros que iban dando, así que podría saber dónde podrían estar. La niña vio que lo miraba y manipulaba mucho y le preguntó que como era posible que en tan poco tiempo haya podido comprender como funcionaba. Él dijo que el artilugio parecía estaba ideado para que fuese fácil de utilizar por cualquier persona y que, como sabia idioma antiguo, había podido descifrar algunas de las cosas, entre ellas la luz. Se paró y la niña con él, y le señalo más o menos por donde iban, y le dijo que iban a llegar al próximo destino en breve y que traducido al idioma actual era un nombre divertido. Ella le pidió la traducción y le dijo que se la daría, pero dándole pistas sin hablar. Le dio el artilugio y le dijo que le enfocara y acto seguido se puso a gesticular, haciéndole señales de que se trataba de una palabra compuesta de dos. Para la primera se puso a hacer gestos divertidos como si se estuviera lavando todo el cuerpo de arriba a abajo, y la niña empezó a probar palabras hasta que dio con ella. Para la segunda él se sentó en el suelo, hizo como si se desabrochara el calzado y se señalaba a los dos pies. Esta fue más fácil y cuando unió las dos palabras, empezaron a reír mucho.

La niña pequeña trato de devolverle el artilugio, pero un sonido como de rugido proveniente del estómago del sabio saliente hizo a los mirar al vientre de este y la niña dijo que el interior del estómago del sabio saliente había el mismo vacío y oscuridad que por donde estaban caminando. Él se echó a reír y se metió las manos a los bolsillos y se los sacó como diciendo que no había traído nada de comer. Algo metálico toco el suelo, sonido de monedas, el sabio saliente ya había olvidado por completo que tenía eso dentro del bolsillo. Se agachó para recogerlas y la niña le preguntó que podían hacer para que dejara de sonarle las tripas y él le dijo que solamente aguantar hasta acabar con el viaje. Luego prosiguió y le dijo que había recordado algo interesante del mundo antiguo y que si deseaba que lo vieran antes de continuar, podría tratar de encontrar uno, a lo que ella le respondió que si con muchas ganas.

Comenzaron de nuevo a caminar, y la niña comenzó a tararear una canción, la que tocaron días atrás en el hostal. El sabio saliente sería muy sabio, pensó para si mismo, pero no había dado con esa forma de haber podido sacarles de allí, y se arrancó con ella a tararear la misma cancioncilla. Estaban en el lugar más vacío y siniestro del reino, en un lugar que de no saber como salir, se habrían quedado allí hasta que les llegaran su hora, pero avanzaban por esa boca oscura con aquel ingenio salvador alumbrándoles y con la certeza de que podrían salir de allí. Bueno, la certeza para ella, a él no le importaba que le pudiera suceder, era probable que solo le quedara un día más, pero le estaba dando la oportunidad de poder seguir adelante a alguien como ella. En verdad no había pensado en que hacer luego, solo llegar a los bajos del castillo, usar aquello, recobrar por un momento su condición de sabio y salir de allí.

El tiempo que llevaran allí no lo sabían ninguno de los dos, pero el tiempo que tardaron en llegar al siguiente destino se les pasó volando. El sabio saliente cogió a la niña de la mano y se dirigieron nada más entrar al nuevo espacio, al desnivel. Salvaron el desnivel primero la niña con la ayuda del sabio saliente y luego él por su cuenta, y empezaron a caminar con la luz por delante de ellos, alumbrando a su paso. El sabio saliente dijo que como cuando entró estaba todo tan oscuro, no pudo ver nada del sitio donde había parado y que ahora con la luz podrían, y estando ella sería más interesante. Seguían caminando por ese escenario casi copia de los visitaos anteriormente, pasillos cuadrados con las paredes recubiertas de ese material de color blanco. Ella la preguntó que irían a ver y él le dijo que irían a ver lo que usaban en esa época para quitar el hambre. El sabio saliente seguía alumbrando hacia delante, con el silencio de la niña que le resultaba inquietante, esperaba que le preguntara más cosas pero solo le seguía el paso, ya ninguno de los dos tarareaban. Habían doblado hacia la izquierda y avanzado bastante, hasta que se detuvieron, habían llegado al lugar donde los obstáculos. Por suerte esta vez no había esa cortina les cortara el paso así que pudo alumbrar a los alrededores fácilmente. Rápido encontró los obstáculos, estaban dispuestos en hilera unos cuantos. Muy al fondo se veía un poco de luz, pero no podía ver bien pues la propia luz del ingenio deslumbraba un poco. Al menos no había dudas, estaban en la entrada de aquel punto de conexión.

El sabio saliente sorteó la barrera y luego alumbró el sitio para que la niña lo sorteara, que lo hizo por debajo. Empezó a registrar dando la espalda a la salida, aquella pared que nacía de la hilera de obstáculos que habían sorteado. Lo que deseaba hallar estaría en una de ellas. La luz desveló una suerte de cristales y una habitación, y cuando su alcance no mostraba lo siguiente, el sabio saliente comenzó a caminar. Buscaba como un armario pero con un cristal por delante con cosas por dentro que se veían al exterior. La niña le iba siguiendo, observando todo cuanto iluminaba el sabio saliente. Llegaron al final de la pared y siguieron la otra que nacía de esa, y no les hizo caminar mucho cuando el sabio saliente dijo que esta era. La niña se puso al lado y comenzó a iluminar el sabio saliente lo que había dentro. Había colocado dentro en hileras cosas inimaginables que ambos nunca habían visto, el sabio saliente le dijo que eran comidas y cosas de aquella época podían comprar sin que nadie atendiera. Sacó una moneda del bolsillo y le explicó que metiendo una moneda dentro, podría elegir lo que quisiera. La niña miraba sin quitar de vista todo aquello que había dentro y le preguntó si se podría comer, y él le contestó que no había registros en los historiales de los sabios que nunca nadie hubiera echo eso así que quizás podrían ser los primeros en hacerlo y le preguntó si quería que lo intentara. Ella la dijo que si y entonces el alumbró a una especie de rajilla y echó la moneda antigua que tenía en el bolsillo, pero no sucedió nada, a lo que el respondió que seguramente hacía falta algo que le hiciera funcionar, y ella le preguntó que podría ser y él le dijo que seguramente le faltaba lo mismo que le hace funcionar al artilugio. Los dos miraron al artilugio y luego el sabio saliente continúo examinando hacia la derecha. Había varias de ellas y caminando sin detenerse mucho a examinarlas, la fueron viendo. Iban concentrados viendo esos muebles dispuestos en la pared y tanto lo estaban, que no se habían dado cuenta lo próximos que estaban a las escaleras que daban al exterior, y sobre todo, de aquel niño que estaba sentado en el suelo con las piernas extendidas y la espalda apoyada en la pared. El sabio saliente fue el primero que lo vio y todos sus sentidos se pudieron en guardia. Solo pudo decir estas palabras:

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«Seguro que aquella persona es la que secuestrara a la niña».

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Puede que no siempre hagamos lo correcto, pero seguro que tampoco estamos totalmente equivocados.
Somos la significancia insignificante en un mundo que es más pequeño de lo que parece y más grande de lo que es.

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